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Batalla por la dignidad

El pasado 5 de noviembre, seis trabajadores de Telefónica comenzaron una huelga de hambre para exigir la readmisión de Marcos Andrés Armenteros, despedido por estar de baja médica y no ser «rentable». Cuatro trabajadores siguen a día de hoy con la protesta, cada día más debilitados, pero con fuerza y ánimos ante la repercusión creciente que está consiguiendo su ayuno.

Beñat Zaldua|Barcelona|2012/11/23|0 iruzkin
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Los cinco huelguistas, en su 16º día de ayuno. (huelgadehambreentelefonica.blogspot.com.es)
Marcos ganó la batalla judicial, después de que el juez dictaminase el despido como improcedente. Sin embargo, se ha negado a readmitirlo.

Este domingo, cuatro trabajadores de Telefónica –empezaron seis– cumplirán tres semanas de huelga de hambre exigiendo la readmisión de Marcos Andrés Armenteros, que tras 24 años en la empresa, fue despedido cuando estaba de baja médica. La compañía, con un beneficio récord de 28.000 millones de euros en los primeros nueve meses de 2012, le comunicó que ya «no es rentable».

Marcos ganó un primer juicio, en el que la justicia dictaminó que se trataba de un despido nulo. Volvió al trabajo, algo que, al fin al cabo, es lo único que exige. Tras el recurso de Telefónica, otro juzgado decretó el despido como improcedente, tras lo cual la empresa volvió a despedirle. En un ejemplo de dignidad laboral y solidaridad colectiva, poco frecuentes en los días que corren, Marcos y cinco trabajadores más decidieron entonces que la huelga de hambre y el encierro indefinido eran la única alternativa que les quedaba.

La decisión la tomaron, en primer lugar, para exigir la readmisión de su compañero; pero también para denunciar a una empresa con beneficios millonarios que se superan año tras año y que no tiene pudor alguno a la hora de despedir a trabajadores que están en baja médica, bajo el argumento de que ya no son rentables, mientras renueva el contrato de Iñaki Urdangarin por 1,5 millones de euros al año. Una empresa que en veinte años ha pasado de tener una plantilla de 75.000 trabajadores a una de menos de 25.000.

Alberto Díaz, uno de los trabajadores en huelga de hambre, explica que Telefónica es un monstruo alimentado por los propios poderes del Estado, a la que se le deja hacer y deshacer a su antojo, y pone en valor la lucha colectiva de los trabajadores, abandonada desde hace tiempo por los sindicatos mayoritarios. «¿Qué legado dejaremos a nuestros hijos? ¿El iPhone 5?», se preguntaba recientemente en un entrevista.

Su lucha no es fácil, ya que se enfrentan a una de las multinacionales más grandes del Estado, con tentáculos capaces escampar el silencio sobre la protesta de sus trabajadores. Pero tampoco los medios de comunicación son lo que eran y las redes sociales han permitido que el caso tome relevancia, saltando en esta última semana a medios más tradicionales y despertando la solidaridad de otros trabajadores y movimientos sociales. También en Euskal Herria, donde delegados del Comité de Gipuzkoa realizaron un ayuno en solidaridad con los compañeros de Barcelona.

Así, Díaz confiesa que, tras casi tres semanas, se encuentran debilitados –el jueves uno de los trabajadores abandonó el ayuno por recomendación médica–, pero que la solidaridad desde distintos frentes y la apertura de la protesta a medios tradicionales les da ánimos para seguir, al menos hasta el fin de semana. «Después valoraremos, dependiendo de lo que digan los médicos y de cuál sea el contexto político, hasta donde seguimos».

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