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¿Enfermedad mental?

La Asociación Americana de Psiquiatría anunció a comienzos diciembre que retirará la transexualidad como enfermedad mental en la nueva edición de su manual, referencia para profesionales de todo el mundo. Un paso más a favor de la vida de los hombres y las mujeres transexuales, en el camino de una normalización a la que todavía le queda un largo trecho.

Beñat Zaldua|Iruñea|2012/12/14
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Reivindicación de los colectivos LGTB en India, con motivo de la 5ª edición del Día del Orgullo Queer. (Sajjad HUSSAIN/AFP PHOTO)
La Organización Mundial de la Salud todavía considera la transexualidad como un trastorno mental, aunque se prevé que lo corrija en 2013

La transexualidad ya no es una enfermedad mental según el DSM-5 –acrónimo inglés del Manual Diagnóstico y Estadístico de Enfermedades Mentales– elaborado por la Asociación Americana de Psiquiatría (APA), todo un catálogo de referencia para profesionales de la psiquiatría de todo el mundo.

La noticia podría parecer rescatada de una vieja hemeroteca llena de polvo, al lado de la cual se diese cuenta de la desaparición de la Ley de vagos y maleantes. Pero no. Es una noticia de diciembre del 2012. El pasado 1 de diciembre la APA aprobó la revisión de su manual –por primera vez en 20 años– y dejó de calificar la transexualidad como una enfermedad mental, aunque mantiene en su catálogo la ‘disforia de género’, nombre con el que se conoce la angustia de quien no se siente identificado con su sexo. El manual no entrará en vigor hasta mayo del año que viene.

El paso adelante de la APA, al menos sobre el papel, hacia la normalización de la transexualidad se une al dado por el Estado español en 2007, año en el que se aprobó la Ley de identidad de género, gracias a la cual cualquier persona tiene el derecho a declararse hombre o mujer y a que su DNI así lo reconozca. En setiembre de 2011, el Parlamento Europeo también aprobó rechazar la transexualidad como patología.

Sin embargo, todavía quedan pasos de gigante para llegar a la normalización. Sin ir más lejos, también sobre el papel, la Organización Mundial de la Salud (OMS) –organismo de la ONU– todavía considera la transexualidad como un trastorno mental. En su manual de psiquiatría, llamado ICD-10, se define la patología transexual como «el deseo de vivir y ser aceptado como miembro del sexo opuesto». Sin embargo, el manual de la OMS también se encuentra en revisión y algunos de sus encargados ya han anunciado que seguirán los pasos de la APA y eliminarán la transexualidad del catálogo.

Asignaturas pendientes

Pese a que nadie niega el avance que supone la retirada de la transexualidad del DSM-5, todos los colectivos que trabajan por su normalización coinciden en señalar que el objetivo está todavía muy lejano, ya que los prejuicios y las confusiones respecto a la transexualidad siguen estando bien presentes.

Por un lado, unos prejuicios alimentados por la transfobia, que convierten en habituales las agresiones a transexuales –816 asesinatos registrados en el mundo entre 2008 y 2011– y condenan al colectivo a una tasa de desempleo que algunos estudios sitúan rozando el 80%. Por otro lado, unas confusiones que identifican la transexualidad como una cuestión de orientación sexual del deseo –como los son la homosexualidad o la bisexualidad–, cuando se trata de una cuestión de identidad sexual, sin relación con la práctica o preferencia sexual de cada persona.

Fobias, prejuicios y confusiones pendientes de destruir y aclarar en el camino hacia la normalización de la transexualidad, con el objetivo de fondo de concienciar a la sociedad de que el género es algo más que los genitales con los que uno nace.

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