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Versiones de una crisis

Sin apenas entrar en el juego de la neolengua del PP, o incluso ironizando con ella, la prensa internacional no ha dudado a la hora de describir la crudeza de la situación socioeconómica del Estado español y señalar que se alargará en el tiempo. Lo han hecho medios de diferentes países y todas las ideologías, contradiciendo constantemente los mensajes del Gobierno.

Beñat Zaldua|Iruñea|2013/01/07
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La prensa internacional contradice muy a menudo los mensajes enviados por el Gobierno español. (Thierry CHARLIER/AFP PHOTO)
En la guerra por el lenguaje, el Gobierno de Mariano Rajoy no ha conseguido imponer a los medios internacionales la ‘neolengua’ asumida por la caverna mediática española.

«Les he convocado porque Italia es lo que ustedes digan que es», dicen que dijo el ahora expresidente italiano, Mario Monti, en una reunión con la prensa extranjera nada más asumir el cargo. Cierta o no, la anécdota refleja la importancia de los grandes medios de comunicación para los estados en apuros, como sin duda lo es también el español. La prensa internacional –la anglosajona sobre todo– es, en gran medida, la ventana del Estado español al mundo y modula la imagen que de ella se hacen gobernantes, inversores, empresarios y ciudadanos de otros países.

Esta imagen proyectada por los medios internacionales se ha centrado sobre todo en la crisis económica, negando reiteradamente las versiones ofrecidas por el Estado, del mismo modo en el que vienen haciéndolo organismos internacionales de toda índole. Sin ir más lejos, el año 2012 finalizó con augurios contradictorios para la economía: mientras el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, aseguraba que 2013 «será mejor» y el ministro de Economía, Luis de Guindos, garantizaba que a final de año se crearía empleo, la Comisión Europea señaló que el número de personas desempleadas alcanzará los seis millones, el déficit seguirá creciendo y el Producto Interior Bruto (PIB) se contraerá un 1,4%. Algo compartido por organismos como la OCDE y el FMI.

En la arena mediática, el mismo día en el que la mayoría de medios españoles quisieron ver «brotes verdes» en la caída del paro del mes de diciembre, ‘The Wall Street Journal’ abría con un durísimo editorial contra la gestión de Bankia, que proponía como «emblema hecho jirones de la crisis bancaria».

Protestas por un reportaje de la BBC

Semanas antes, la prestigiosa cadena de televisión pública británica BBC emitía en ‘prime time’ el reportaje ‘El gran crash español’ que, partiendo del ejemplo concreto del País Valencià, desgranaba las causas de una crisis que su reportero Paul Mason ancla en la improductividad de una economía basada en el ladrillo y el turismo. El contundente y clarificador reportaje fue rápidamente contestado por el Ejecutivo español, a través de su embajador en Londres, Federico Trillo. Haciendo gala de la misma destreza diplomática que mostró con el ya histórico ‘¡Viva Honduras!’ a tropas salvadoreñas, Trillo envió una carta de protesta a la BBC por el tono «parcial» del reportaje.

Los ejemplos durante los últimos meses son innumerables. Desde las memorables portadas de ‘Libération’ -«¡Perdidos!» sobre un fondo rojigualda- y ‘The Economist’ –una «Spain» a la que se le cae la ‘s’, quedando la palabra ‘pain’, dolor en inglés–, hasta los reportajes de cadenas como Al Jazeera y TeleSur. El del rescate bancario fue, sin duda alguna, el momento culminante del desencuentro entre el Gobierno y los medios internacionales, con un titular del ‘Time’ para la memoria: «Tú le dices tomate, yo le digo rescate».

Con mayor o menor intencionalidad, todos los medios han coincidido en describir con crudeza la realidad económica del Estado español, criticando en diferentes grados muchas de las medidas tomadas por el Gobierno y poniendo el foco en el deterioro de las condiciones de vida de la sociedad. Ejemplo de ello son los reportajes de ‘The New York Times’ sobre los desahucios; un diario, por cierto, en guerra abierta con la monarquía española, sobre la que tituló: «Un rey escarmentado en busca de redención».

Si bien hay que ser conscientes de la intencionalidad política de los medios de comunicación –tanto en el Estado español como fuera de él–, no parece casualidad que medios de izquierda y derecha, de todos los lugares del planeta, coincidan no solo en que la situación socioeconómica es muy grave –también lo hacen medios españoles–, sino que lo seguirá siendo, en contra de los triunfalistas titulares de la caverna mediática española. Hoy en día, la del lenguaje es una guerra de gran importancia en esta sociedad que algunos llaman «de la información» y, si bien el Gobierno de Rajoy ha conseguido imponer en la mayoría de medios españoles la llamada ‘neolengua’ del PP, su derrota en el campo de los medios internacionales no tiene paliativos.

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