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Azawad, entre el fracaso de Mali y el polvorín del Sahel

Tras décadas de revueltas contra las potencias coloniales –sobre todo el Estado francés– y los estados en los que los encajó la descolonización, los tuareg estuvieron cerca de convertir en realidad la independencia de Azawad que, de hecho, llegaron a declarar. La supremacía militar de los grupos islamistas primero, y la invasión franco-africana después, han echado por tierra, de momento, este viejo anhelo de esta comunidad amazigh.

Beñat Zaldua|Barcelona|2013/02/06
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Manifestación de la comunidad amazigh de Marruecos en Rabat, el pasado 3 de febrero. (Fadel SENNA/AFP)
El MNLA encabezó la ofensiva contra el Ejército maliense, pero los grupos salafistas, mayoritarios y mejor armados, no tardaron en hacerse con el control de Azawad.

Pese a que el Movimiento Nacional para la Liberación del Azawad (MNLA) es de reciente creación –concretamente, el 2010–, el conflicto de los tuareg con las potencias coloniales y los estados en los que posteriormente fueron artificialmente divididos –Argelia, Mali, Libia, Níger y Burkina Faso– han sido constantes a lo largo de la historia, facilitados por la constante marginación de la cultura amazigh de los tuareg en los estados árabes del Magreb –con la excepción de la Libia de Gadafi, en quien tenían un aliado– y en los estados multiétnicos del África Occidental. De hecho, la intervención franco-africana en Azawad ha despertado las reivindicaciones de otras comunidades amazigh en países como Marruecos y Libia.

En el caso concreto de Mali, la primera revuelta de los tuareg se remonta a 1963, apenas tres años después de la descolonización francesa, cuando el primer presidente del reciente Estado reprimió las demandas de mayor autonomía política que los tuareg lanzaban desde el norte. Las revueltas se fueron sucediendo, alimentadas por el centralismo de Bamako y las sequías que han afectado periódicamente al Sahel, condenando a la miseria y a la emigración a buena parte de su población, algo que ha facilitado notablemente el crecimiento de grupos salafistas que ofrecen seguridad y dinero.

1990 fue un año de inflexión, cuando muchos jóvenes refugiados hasta entonces en Libia regresaron a sus tierras para luchar contra el dictador Moussa Traoré, en el poder desde 1968. Tras la caída de este, Bamako accedió a conceder una autonomía a los distritos norteños de Tombuctú, Gao y Kidal, decisión reiterada en 2006 y que, sin embargo nunca fue aplicada, lo que llevó a los tuareg a constituir el MNLA, reivindicando la independencia del norte de Mali, al que llaman Azawad –‘Tierra de nómadas’–. Un territorio en el que, todo hay que decirlo, no son una aplastante mayoría, ya que también hay importantes poblaciones árabes y de otras etnias.

Libia como detonante

La reciente revuelta que echó del poder a Muamar al-Gadafi en Libia –con gran ayuda del Ejército francés– fue el principal detonante de los sucesos que han convertido Azawad en el foco de la atención internacional en el último año. Buena parte de los tuareg del Ejército de Gadafi, formados y armados, se refugiaron en la zona, donde engrosaron las filas del MNLA y del grupo salafista Ansar Dine, mayoritario entre los tuareg. En enero de 2012 comenzaron las acciones armadas de envergadura contra las posiciones del Ejército maliense en el norte del Estado –que provocaron el golpe de estado de marzo en Bamako– y en abril ya no quedaba rastro de la autoridad de Bamako en Azawad.

La ofensiva estuvo encabezada por el MNLA, que declaró la independencia del territorio –con unos principios laicos y democráticos–, pero contó con cierta alianza con los grupos salafistas que operan en el Sahel, sobre todo Ansar Dine –el Movimiento para la Unidad y la Yihad en África Occidental (MUYAO) y Al Qaeda del Magreb Islámico (AQMI) quedaron más al margen–. Estos grupos, más organizados y mejor armados que el MNLA –en gran parte gracias a las ayudas de las monarquías petroleras del Golfo–, no tardaron en marginar a los independentistas tuareg e imponer su estricta lectura de la ley islámica.

La ambición de estos grupos, que se lanzaron a la conquista de ciudades situadas más al sur y cada vez más cerca de Bamako precipitó, el pasado 11 de enero, la decisión del presidente francés, François Hollande, de enviar tropas al país –en noviembre todavía se mostraba en contra–, desencadenando la huída de los grupos islamistas a los refugios desérticos.

En un Congreso extraordinario celebrado estos días en Azawad, el MNLA analizó y admitió su débil situación, por lo que se emplazó a reforzar su organización y buscar una salida negociada al conflicto territorial con Mali, al tiempo que se opuso frontalmente a las prácticas de los grupos yihadistas. Pero desde Bamako –donde les culpan de la secesión– no tardaron en oponerse a cualquier concesión al MNLA, por lo que cabe esperar que el conflicto, igual que con los grupos yihadistas, será todavía largo.

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