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Ayuda al Sahara

Corren tiempos difíciles para el pueblo saharaui. Despojado de su tierra y oprimido por Marruecos, acaba de ver cómo el régimen alauita ha descargado su puño de hierro sobre los jóvenes juzgados por los sucesos de 2010 en una acampada de protesta en El Aaiun, al tiempo que la crisis económica internacional origina una notable disminución de la ayuda humanitaria destinada a los campos de refugiados en Tinduf. Pero Euskal Herria no ha bajado el listón de su solidaridad.

Gotzon ARANBURU|BILBO|2013/02/20
Caravana_solidaria
La caravana solidaria partió de Bilbo el 16 de febrero. (Gotzon ARANBURU)
Son las aportaciones de la ciudadanía de a pie las que han llenado la mayor parte de los camiones, que son conducidos por voluntarios, en su mayoría chóferes de los autobuses municipales de Donostia.

16 de febrero, 9.00 de la mañana. Dos tráiler aparcan en un lateral del Ayuntamiento de Bilbo, seguidos poco después por otros cuatro. Frente a la fachada de la casa consistorial permanecen estacionados dos autobuses y una ambulancia. Lo que unifica a todos estos vehículos es que llevan adhesivos con el texto ‘Sahararen aldeko euskal karabana’, pues eso es lo que constituyen: una caravana que partirá con destino al puerto de Alicante, donde se unirá con docenas de vehículos más que serán embarcados con rumbo a Argel, para pasar allí a manos de conductores del Frente Polisario que los conducirán hasta los campos de refugiados de Tinduf.

¿Qué contienen estos camiones? Miles de kilos de alimentos, de productos higiénicos, de ropa… que han sido donados por particulares y asociaciones, como viene ocurriendo cada año desde hace ya veinte en el caso de Euskal Herria. A estas horas, ya estarán en manos de los refugiados saharauis, que los reciben como agua de mayo, pues, faltos completamente de recursos en el desierto argelino, dependen para su supervivencia de la ayuda internacional.

Los dos autobuses aparcados en el Arenal han sido donados por el Ayuntamiento de Bilbo, igual que un camión-grúa, mientras que la ambulancia es una donación de la empresa Michelin de Lasarte. Además, el Consistorio de la capital vizcaina ha entregado 35.000 euros en metálico para la compra de alimentos. Pero son las aportaciones de los ciudadanos de a pie las que han llenado la mayor parte de los camiones, que serán conducidos hasta el puerto mediterráneo por voluntarios, en su mayoría chóferes de los autobuses municipales de Donostia.

Se ha superado el listón del año pasado

Maite, que se ha acercado de la capital guipuzcoana para despedir a la caravana, nos cuenta que existía cierto temor a la respuesta que pudiera dar la población a la campaña de recogida, pero «para nuestra sorpresa hemos visto que incluso hemos superado ligeramente el listón del año pasado. Por ejemplo, en las escuelas de Donostia se han recogido 6.000 kilos», indica.

Sin embargo, para los saharauis, no son buenos tiempos. Nunca lo han sido, en realidad, desde que fueran abandonados en manos de Marruecos y Mauritania por España, en el proceso descolonizador de 1975. Inmediatamente estalló el conflicto entre los saharauis y los nuevos ocupantes de su territorio. El enfrentamiento, o mejor dicho la agresión al pueblo saharui fue brutal, con bombardeos indiscriminados contra la población civil que huía, y dejó un largo reguero de víctimas. Los mauritanos fueron derrotados, pero la victoria saharaui en el sur solo sirvió para que Marruecos se apoderara de la totalidad del Sahara occidental. A día de hoy, sigue en sus manos. Los saharauis que huyeron se refugiaron en Tinduf, en los campamentos organizados por el Frente Polisario. Y también ellos siguen ahí.

Pronto se empezó a materializar la solidaridad internacional. Desde el primer momento, el pueblo vasco ayudó a los refugiados; en algunos casos, como el de la ormaiztegiarra Gurutze Irizar, desde el terreno, aportando sus conocimientos médicos para atender a los heridos en la guerra de agresión. En Euskal Herria todos los años se han organizado campañas de ayuda, no solo en forma de recogida de alimentos, sino también por medio de la acogida en nuestras casas de niños y niñas saharuis durante el verano, para que puedan hacer frente a los problemas de nutrición y de salud que experimentan en aquel entorno extremadamente hostil por la severidad del clima.

Pero, como decimos, la situación es especialmente grave ahora mismo para el pueblo saharaui. Por una parte, la crisis económica que atraviesa Europa occidental ha hecho que la ayuda destinada a los campamentos de refugiados de Tinduf, donde habitan 165.000 personas, haya disminuido, igual que el número de niños acogidos en verano. Al mismo tiempo, no son pocos los saharauis que trabajaban en Europa y que, al quedarse sin empleo, han tenido que volver a los campamentos. Por si fuera poco, los conflictos armados desatados en la región del Sahel también han afectado a Tinduf, donde en octubre de 2011 fueron secuestrados por un grupo escindido de Al Qaeda del Magreb Islámico y procedente de Mali tres cooperantes del Estado español. Ello ha obligado al Frente Polisario a incrementar las medidas de seguridad en torno a los campamentos. Y para rematar, el régimen marroquí acaba de mostrar su faz más feroz en el juicio contra 24 saharauis por los incidentes registrados en 2010 en el desalojo de una acampada de protesta en El Aaiun, capital del Sahara Occidental ocupado; once de ellos han sido condenados por un tribunal militar a más de 25 años de cárcel, y ocho a cadena perpetua.

Mientras tanto, la repetida petición de un referéndum para que el pueblo saharaui decida su futuro se ve bloqueada una y otra vez por la presión de Marruecos en instancias internacionales, aunque periódicamente se producen movimientos este sentido, como el del enviado especial de la ONU, Cristopher Ross, que ha invitado a una nueva reunión a las partes afectadas el próximo mes de marzo. En palabras de Mohamed Fadel Emhamed, representante de la RASD (República Arabe Saharaui Democrática) en la CAV, «la única solución real es la autodeterminación del pueblo saharaui. Las propuestas de autonomía que hace Marruecos no son más que artimañas; el régimen marroquí es absolutamente centralista y ni se plantea tal autonomía».

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