Iñaki URIA
EX CONSEJERO DELEGADO DE ‘EGUNKARIA’

Nacido en Zarautz en 1960, este periodista y escritor sufrió fuertes torturas por parte de guardias civiles y fue encarcelado cuando cerraron ‘Egunkaria’ un día como hoy de hace diez años, diario del que era consejero delegado. Cuando quedó libre, veía dos salidas: esperar a los juicios o implicarse en nuevos proyectos. Impulsó Hamaika Telebista y es su actual director.

«Nos costó tantos años, esfuerzo y dinero, ¡y qué rápido lo derribaron!»
Maider IANTZI|DONOSTIA|2013/02/20
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El Gobierno Vasco actuó con prudencia. Me acuerdo que decían que la justicia debía hacer su camino. Y nos preguntábamos ‘¿qué justicia?’
La manifestación te da una medida de la importancia de lo que hacías. Esa reacción fue muy positiva y frenó tal vez otras operaciones
Ahora también quieren cortar los impulsos al euskara y a Euskal Herria; unas veces utilizan a los guardias civiles y otras, nuevas leyes.
En mi opinión, no hay blindaje. Continuamos sin protección, tanto los medios como la ciudadanía, ante un Estado que nos trata como a enemigos.

Aunque piensa que las marcas de las heridas son para siempre, espera que una vez que pase el juicio que aún tienen pendiente las ocho personas del sumario económico pueda respirar y diga que lo ha superado. Tiene «total confianza» en que no les impondrán los 18 años que piden, pero mientras tanto «hay que vivir, y a todas las personas no nos afectan las cosas de la misma manera». Iñaki Uria dedica su tiempo, preocupación y responsabilidad a nuevos proyectos y nos recibe en su despacho de Hamaika Telebista, en el edificio PIA del parque de Zuatzu, en Donostia, entre tarea y tarea, rodeado de periodistas que, con la ayuda de su ordenador, tratan de sacar adelante este medio euskaltzale que busca garantizar una televisión euskaldun en cada comarca. En resumen, la misma línea de trabajo que le llevó a aquella terrible madrugada del 20 de febrero.

Mirando desde la atalaya de diez años, ¿qué querían lograr cerrando ‘Egunkaria’ y qué han conseguido en realidad?
Muchas cosas. Por una parte, ‘Egunkaria’, como periódico en euskara, representativo de la cultura vasca, se encontraba en el momento más fuerte desde su creación, y tenían como objetivo dar un golpe a la prensa euskaldun. En paralelo, querían provocar miedo en la actividad cultural vasca, en el mundo euskaldun, en la construcción del pueblo vasco. Era el segundo mandato de José María Aznar, estaban alborotados con el Plan Ibarretxe, la opción de suspensión de la autonomía también estaba en el ambiente político, y trataron de dar un aviso diciendo que podían hacer estas cosas.

¿Qué han conseguido? Han provocado enormes daños personales y materiales. En ese momento, creo que suscitaron mucho miedo a muchas personas, aunque después de diez años se nos olvide esto. Si no hubieran ocurrido el 11-M, el cambio de mandato y la llegada de Zapatero, ¡quién sabe cómo estaríamos! También lograron que los euskaldunes y la ciudadanía de Euskal Herria en general diesen una respuesta muy potente. No contaban con ello y tocaron uno de nuestros nervios. Hubo una respuesta importante tanto a nivel de protesta como en positivo, al publicar un nuevo diario. Lo consiguieron los extrabajadores de ‘Egunkaria’, los lectores y la ciudadanía. Al menos en el momento se logró una ampliación o una mejora, mayor apoyo.  

La operación se realizó dentro de una ofensiva general, con la tesis de que «todo es ETA».
Esa tesis estaba construida de antemano, con el cierre de ‘Egin’ también ocurrió, anteriormente golpearon a AEK, por lo tanto lograron de nuevo suscitar mucho miedo en euskalgintza, en las ikastolas... Se apuró mucha gente. De otra manera, pero hoy otra vez, con la Ley Wert, con las cosas que quieren hacer en la educación, los deseos del PP apuntan a la centralización y la españolización. Y aquí quieren cortar los impulsos al euskara y a Euskal Herria. Unas veces utilizan a los guardias civiles y otras, nuevas leyes y proyectos de leyes.

Sin embargo, en Euskal Herria nadie pensaba que irían contra ‘Egunkaria’...
Ya, pero luego hacen las barbaridades más grandes. Si repasamos la historia de España, con Marruecos, con Cuba, con catalanes y vascos... Las barbaridades son grandes en muchos momentos. En 1998 cerraron ‘Egin’. En algunos informes policiales que aparecieron en nuestro sumario había tesis muy inculpatorias por el mero hecho de ser en euskara; sostenían que los que impulsaban el euskara fuera de las instituciones seguían la estrategia de ETA. Utilizaron tesis tan simples y simplistas como esta. Con AEK y las ikastolas hicieron algo parecido. Eso es lo grave. No esperábamos que ocurriera, pero todo eso estaba en el contexto.

Obviamente la operación dejó sentimientos muy agrios, pero también hubo imágenes positivas y esperanzadoras como la enorme manifestación de Donostia. ¿Cómo vivió todo ello a nivel personal?
Cuando ocurrió la manifestación, nosotros estábamos en el calabozo y seguramente sería uno de los días en que más nos torturaron. Por lo tanto, la vimos y percibimos el calor y la reacción de la ciudadanía de Euskal Herria más tarde. Eso te da una medida para saber que lo que estabas haciendo era importante realmente. Esa reacción fue muy positiva y frenó tal vez otras operaciones. Luego, las torturas que vivimos fueron muy duras, torturas que han vivido muchos vascos, por cierto, tanto las torturas como la prisión y tener que pasar esos juicios en la Audiencia Nacional, que todavía están sin terminar... Todo eso es muy agrio y a nivel personal deja marcas, interrupciones y de todo.

¿Ha habido reparación?
Por parte del Gobierno no ha habido reparación. Como empresa pusimos una demanda al Estado por haber cerrado ‘Egunkaria’ y no ha venido la reparación; lo contrario. En la primera operación nos arrestaron a diez personas y de ellas cinco denunciamos torturas. Hubo quien no puso denuncia pero fue torturado. Pello Zubiria fue trasladado al hospital y la Guardia Civil dijo que trató de suicidarse, y Joan Mari Torrealdai, años más tarde, declaró que a pesar de no poner denuncia, le torturaron. En mi caso, las torturas fueron muy duras. En la historia se ha hecho conocida la denuncia de Martxelo, seguramente porque ha seguido adelante. Un juez de Donostia dio credibilidad a mi testimonio, parecía que iba adelante, pero la sala de Donostia decidió que había que tratarlo en Madrid. Se envió a Madrid y allí terminó. La denuncia de Martxelo ha tenido un recorrido formal, por decirlo de alguna manera. Lo que dice Estrasburgo es que España no ha investigado si se han producido esas torturas o no. Por otra parte, el Estado nos puso una denuncia a los que habíamos declarado torturas diciendo que habíamos seguido el manual de ETA. No hemos sabido más de ella.

¿Cree que la reacción de instituciones y partidos fue suficiente? En la manifestación, se escuchaba con fuerza un grito: «Ibarretxe, non zaude?»
La sensación que tengo es que el Gobierno Vasco, en aquel momento, actuó con prudencia. Me acuerdo de que Miren Azkarate [portavoz del Gobierno] decía que la justicia debía hacer su camino. Y, claro, nos preguntábamos: ¿Qué justicia? La Audiencia Nacional no es justicia, sino una herramienta para luchar contra los vascos. Desde ese punto de vista, esperas otro apoyo. Junto a ello, lo más doloroso para mí fue la actuación de los otros medios de comunicación de aquí: ‘El Diario Vasco’, ‘El Correo’, incluso miraría los titulares del Grupo Noticias. En los medios se diferenciaron los catalanes, fueron más prudentes, pero aquí, en la mayoría de los casos, todas las informaciones que venían de Interior y de las agencias iban a misa. Interior y Audiencia Nacional sacaron una nota conjunta.

¿En el contexto político actual sería imposible que volviera a ocurrir? ¿Se ha conseguido de alguna manera el «blindaje» que se pedía entonces?
En mi opinión, no hay blindaje. Cuando salí de la cárcel en agosto de 2004, planteaba que las ciudadanas y ciudadanos vascos necesitábamos condiciones políticas para que no sucedieran esas cosas. Y las condiciones no han cambiado: el Estatuto, el Amejoramiento y la ley española a ese nivel no han cambiado, si no es a peor. Por lo tanto, continuamos sin protección, tanto los medios como la ciudadanía. Vivimos en un Estado que nos trata como a enemigos y frente a ello necesitamos otra protección. Cada uno llamará a esa protección como quiera: yo le llamo tener un Estado propio. La sentencia que se produjo fue muy dura para muchas instancias, pero creo que simplemente en ese momento necesitaban y querían una cosa así, tenían posibilidades y lo hicieron sin pagar indemnizaciones.

Mientras tanto, lo que a nosotros nos costó construir tantos años, esfuerzo y dinero –en el tempus histórico era la segunda vez, después de la publicación en un breve tiempo en la guerra, que los vascos hacíamos un diario en euskara–, ¡qué rápido lo derribaron! El momento actual no es el mismo, pero está por ver cómo se desarrollan los procesos de aquí y de Catalunya y qué reacciones tiene el Gobierno de Madrid.

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