
En la imagen, el Centro Regional del Mediterráneo, en Marsella, diseñado por el arquitecto italiano Boeri Stefano. Fotografía: Boris Horvat
Marsella y Košice son las Capitales Europeas de la Cultura para 2013. La ciudad francesa, con unas características multiculturales muy marcadas, es un puente tradicional con el Mediterráneo y su flanco sur. Košice, en el extremo este de Eslovaquia, más allá de los espléndidos Tatras, mira hacia Oriente, hacia las llanuras de Ucrania.
Ambas ciudades son las segundas en población de sus respectivos estados. Con más de 850.000 habitantes, Marsella fue fundada hace 2.600 años por colonos griegos de Focea, en Asia Menor. Como capital de la cultura, Marsella quiere utilizar la notoriedad que tendrá este año para llevar a cabo una transformación sostenible de la ciudad en el ámbito económico, urbano y social. Marsella ejerce, desde hace varios años, de ciudad enlace entre la Unión Europea y el Mediterráneo, y entre ambas orillas de este viejo mar interior. 7K ofreció el pasado 4 de noviembre un amplio reportaje sobre esta ciudad firmado por Catalina Gayá y Oscar Elías (reportaje completo, en pdf).
Košice, por su parte, se jacta de ser el primer asentamiento en Europa que goza de un escudo propio de armas; es la primera ciudad eslovaca en ser designada Capital Europea de la Cultura. Košice es una especie de cruce de caminos en el centro de Europa: está pegada, al sur, a la frontera húngara, de la que le separan apenas 25 kilómetros; al norte, a 90 kilómetros de distancia, Polonia y al este, tan cerca y tan lejos, Ucrania, a menos de 80 kilómetros. Rumanía queda al sureste. Es una ciudad joven, muy viva y cultural, y en pleno desarrollo, aunque su empeño coincida con este tiempo de crisis general.
Sus habitantes son orgullosos: dicen que en esta región se concentra toda la belleza del país y, desde luego, muchísima historia. Košice fue el corazón del imperio austrohúngaro.Su centro histórico está plagado de monumentos, museos, una catedral gótica, palacios y teatros, restos de las murallas… Y es, además, un lugar tranquilo para pasear o tomar una café en las terrazas de la Rambla.
Hoy, le separan cinco horas de tren de Bratislava, la preciosa capital eslovaca. En Košice viven unas 250.000 almas y su territorio todavía presenta las heridas del abandono general (premeditado, provocado, solo en parte inevitable) tras la caída del Muro de Berlín y el derrumbe posterior: grandes fábricas abandonadas, solares vacíos… Y en Košice se encuentra, además, Lunik IX, un apretado barrio en medio de la nada a unos quince minutos en coche del centro de la ciudad, el mayor ghetto gitano de Europa, un lugar donde unas 7.000 personas tratan de prosperar con lo puesto, que es muy poco, marcados como están por un círculo vicioso de falta de formación, desempleo, pobreza y desarraigo. Lunik IX también es la Unión Europea, aunque no lo parezca, o no lo queramos ver.
Capitales culturales:
El proyecto de las Capitales Europeas de la Cultura empezó en 1985 y más de cuarenta ciudades han sido seleccionadas desde entonces. Una de nuestras ciudades, Donostia, será capital europea de la cultura en 2016. El título lo otorga el Consejo Europeo y del proceso de selección se encarga un grupo de expertos entre los que se incluyen también diputados europeos.
Sartu