gaurEurope
Egilea: Josu Juaristi
Josu_juaristi_fondoakin
2012/11/27 11:47h.

Ayer se celebró una nueva cumbre de crisis del Eurogrupo, con asistencia de los ministros de Finanzas y de “Ms. Perfect”, que es como algunos llaman, con cierta inquina, a la presidenta del FMI, Christine Lagarde, por su siempre impecable apariencia. En esta reunión, sin embargo, aseguran que perdió, al menos en parte, su compostura, irritada porque Alemania y otros países de la eurozona se niegan en redondo (al menos de momento, al menos hasta que pasen las elecciones alemanas) a perdonar parte de la deuda griega. “Der Spiegel” recuerda que es irónico que en su día fuese precisamente Berlín quien reclamara la participación del FMI, de sus expertos y de su dinero (a la caja del FMi contribuyen también los europeos, de ahí que Berlín exigiera su implicación) en los esfuerzos por salvar a los países de la UE en problemas y ahora sea quien más resistencia plantee a las propuestas del Fondo Monetario, concretada especialmente en una: perdonar a Atenas parte de su deuda. El propio equipo de Lagarde cree que la postura de Angela Merkel y su ministro Wolfgang Schäuble tiene que ver, y mucho, con las elecciones generales del próximo año y con su obsesión por demostrar a los alemanes que nada de todo esto les costará más euros de su bolsillo. En su defecto, debería meter mano a los bancos, para que estos asumieran, en buena lógica, esa quita parcial de la deuda soberana griega, pero la CDU, a día de hoy, no quiere ni oir hablar de ello, aunque es algo que la sociedad seguramente aplaudiría.
Lagarde aseguró en las reuniones previas que con «trucos contables» y menores tasas de interés no se solucionaba nada, pero ella misma se negó en un principio a conceder más tiempo a Grecia a menos que la eurozona redujera drásticamente las tasas de interés para los préstamos bilaterales a Atenas. Nadie es un santo, ni una santa, en este juego.
Fue, básicamente, un regateo calificado por algunos de «desagradable»: por las objeciones de muchos países a cada nueva idea y porque jugaba con el futuro de los griegos. Parece que Lagarde llegó incluso a amenazar con retirarse de los «esfuerzos» por rescatar a Grecia mientras Schäuble asistía al intercambio con mirada impasible, lo que irritaba aún más a la parisina Lagarde.
Dicen que, al final, fue el supercomisario europeo de Asuntos Económicos y Monetarios, Olli Rehn, quien esbozó el compromiso final, donde cada parte cedía un poco y donde, al final, todos se quedaron con la sensación de haber puesto otro parche. ¿Resultado? Acuerdo de principio para desbloquear otro tramo de la ayuda a Grecia, es decir, para financiarla, visto que en los insaciables mercados le es imposible.

Las ayudas de la Unión Europea y del Fondo Monetario Internacional a Grecia son un juego casi incomprensible de números cuyo nexo más claro con la realidad son  los apuros del día a día de miles y miles de griegos, sometidos a recortes sociales cada vez más duros y a draconianas medidas de austeridad para que el Gobierno pueda ir devolviendo su deuda. En conjunto, una agonía, que, además, ahuyenta a posibles inversores que tienen la sensación de que Grecia es un estado fallido. El resto son cálculos, previsiones y predicciones que ningún matemático serio, por mucho potencial de cálculo que tenga a su disposición, se atrevería a formular.
El conjunto parece seguir dibujando un círculo vicioso que impide la posibilidad de que Grecia y los griegos puedan contar con la ilusión de un nuevo comienzo. Un riesgo que los más catastrofistas extienden al conjunto de la UE.

Estos son los datos:
- 12 horas de negociaciones entre los países de la Eurozona y el FMI;
- la decisión del FMI de «relajar» el objetivo de reducción de la descomunal deuda griega del 120% en 2020 al 124%, algo que se considera el «umbral de lo sostenible»;
- el Eurogrupo, con Alemania al frente, se niega a perdonar (condonar) un solo euro de la deuda a Grecia, que asciende a más de 360.000 millones de euros (para que se hagan una idea, más de 30.000 euros por habitante);
- el tipo de interés de los préstamos bilaterales concedidos al país heleno se rebaja en 100 puntos básicos;
- el plazo de devolución de todos los créditos se alarga en 15 años y se retrasa en 10 años el pago por parte de Atenas de los intereses de los préstamos concedidos por el fondo de rescate;
- y, si los parlamentos de los países de la eurozona que deben aprobarlo así según sus normativas dan el visto bueno (incluido el alemán), Grecia recibirá 43.700 de euros en ayuda urgente. Se supone que el 13 de diciembre se anunciará oficialmente cuándo se desembolsará ese dinero.

Como siempre en estos casos, el presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, asegura que el acuerdo «reforzará la confianza en Europa y en Grecia».
Sin embargo, aun a riesgo de contradecir al señor Draghi, podríamos aventurar una predicción basada en la experiencia reciente: en seis meses (mucho antes de las elecciones alemanas, que son en setiembre) volverán a enfrentarse al mismo problema, que esos 43.700 millones no habrán solucionado.

La imagen corresponde a un momento relajado de la reunión del Eurogrupo. Fotografía: Enzo Zucchi - European Union

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