Aunque el último texto de compromiso presentado por Herman Van Rompuy parecía haber acercado posturas, ahora mismo (16:40) se habla de colapso en Bruselas. Algunas fuentes anuncian que la cumbre sobre el presupuesto plurianual está a punto de terminar sin acuerdo.
De momento, lo que sabemos es lo que el propio Van Rompuy había presentado anoche a los 27 y que esta mañana era adelantado por EurActiv, un borrador que presentaba algunas novedades que buscaban contentar a dos frentes que luchan aparentemente por separado en esta cumbre, «agricultores» y «amigos de la cohesión». Por una parte, Francia trata de que la reducción de fondos para la Política Agrícola Común (PAC) quede en nada; de hecho, ese documento de Van Rompuy contenta a los agricultores franceses (Berlin necesita atraer a Francia de algún modo para propiciar un acuerdo) y, además, crea una nueva reserva de 2.800 millones de euros para momentos de crisis en el sector agrícola. Según este borrador de acuerdo, la PAC sigue basada en dos pilares: apoyo directo a los agricultores a cargo del presupuesto de la UE, y apoyo a proyectos concretos en regiones con problemas específicos que serían cofinanciados por los estados miembros y la UE. Según ese borrador, la PAC seguiría siendo la parte del león del presupuesto comunitario, seguido, al igual que ahora, por los fondos estructurales y de cohesión.
Ambas partidas obtendrían incluso más dinero, aunque repartido de forma diferente, especialmente en el caso de las ayudas estructurales, que buscarían impulsar proyectos que promuevan el empleo y el crecimiento. La intensa labor de lobby de esos dos frentes estaría propiciando un posible acercamiento a costa de duros recortes en proyectos europeos de promoción de empleo y crecimiento, transporte, energía y telecomunicaciones. Si esto fuera así, los mismos que anunciaron a bombo y platillo el plan de competitividad para el crecimiento y el empleo nada más llegar Hollande al poder lo estarían enterrando mucho antes de su hipotética puesta en marcha, confirmando los temores iniciales que advertían de que era un plan virtual. Serían los recortes en esas partidas que, hasta ahora, todo el mundo consideraba absolutamente fundamentales para superar la crisis, las que rebajarían el presupuesto, tal y como quieren los principales estados contribuyentes y Gran Bretaña. Se anuncian también recortes en «seguridad y ciudadanía» y en la proyección europea en el exterior, lo que podría dinamitar la acción exterior europea antes de que eche a andar. Y, además, se pide un «esfuerzo» al staff, a los funcionarios comunitarios (se habla de un recorte del 7%), lo que augura sin duda más protestas en Bruselas.
Todo apunta a que las negociaciones entabladas tras el impacto de los 27 «confesionarios» que ayer mantuvo Herman Van Rompuy con los estados miembros se han centrado en contentar a «agricultores» y «amigos de la cohesión». Los intereses y las necesidades estatales estarían llevando a los estados miembros a arrinconar el interés europeo. España, Grecia o Portugal, por ejemplo, están tan mal que les estarían asignando unas provisiones especiales en el ámbito de la cohesión para contrarrestar en parte el recorte de fondos por los criterios de la política regional.
Es decir, «agricultores» y «amigos de la cohesión» estarían ganando, aunque en este último apartado ganarían sobre todo los centroeuropeos, a quienes se había prometido en 2004 que su momento (para recibir más fondos) llegaría en la siguiente negociación del marco presupuestario plurianual.
Si esto se confirmara, si se confirmara una reducción del presupuesto del billón largo de euros propuesto por la Comisión Europea a los 973.000 millones que contempla la propuesta de Van Rompuy, y, sobre todo, si se confirmara esta forma de gastar el dinero, el Parlamento Europeo tendría todos los argumentos del mundo para rechazarlo. Otra cosa es que realmente lo haga y que la mayoría conservadora y la división y deriva socialdemócrata se contente con subir un poco esa suma para salvar la cara.
Por último, el cheque británico seguiría inalterable, así que a Londres volverían 2.800 milones de euros cada año desde Bruselas. Holanda recibiría un cheque anual de 1.150 millones y Suecia de 325 millones.
Es posible que todo esto sea ya historia y que en breve conozcamos el desenlace de este Consejo Europeo.
Sartu