Libre, tropikala eta feminista
Egilea: Ainhoa Güemes eta Zaloa Basabe
Ainhoa_zaloa
2012/06/04 02:00h.

 Zaloa Basabe

Yo no conocía a Pachi Izco más que de oídas. Sabía que tenía algo que ver con Osasuna así que supuse que podríamos llevar vidas perfectamente paralelas, de esas que nunca se juntarán sin problema. Su nombre me llegó, multiplicado por veintitrés, el día en el que unas declaraciones suyas salieron en el Diario de Navarra. "¿Has oído lo que ha dicho Izco?”;”Pues como sea algo de fichajes, va a ser que me da igual”. Pues no, resulta que, ahora que deja de ser presidente de Osasuna, ha decido que es un buen momento para dar su opinión sobre, por ejemplo, el futbol femenino (Osasuna también tiene equipo de mozas) declarando que le parece “antiestéstico”, que “hay otros deportes para las mujeres” y que “el futbol es mucho más masculino”. Como él, con un par.

Para colmo, se le ocurre adornar su argumentación con el clásico “es mi opinión” que viene a ser un salvoconducto para decir lo que uno quiere, esto es, como todo el mundo sabe, las opiniones son o deben ser respetadas, independientemente de que estas y/o el tipejo que las pronuncie no sean para nada respetables. El filósofo esloveno Slavoj Zizek ha escrito en más de una ocasión sobre los usos perversos de la palabra tolerancia, ese concepto que se puso tan de moda en la última década del siglo pasado como el santo y seña de la desideologización a gran escala. Debemos tolerar las actitudes y opiniones, aún cuando estas sean claramente discriminatorias, solo porque el hacerlo da la medida de nuestra progresía. Nuestro sistema de convivencia mola tanto que “os toleramos”. Decid cualquier barbaridad porque el sistema todo lo absorbe a no ser, claro está, que vuestras palabras y actos vayan precisamente en contra del sistema que os protege.

Durante los días siguientes, Alberto Sánchez, presidente del Lagunak (equipo navarro-femenino- que ha logrado la permanencia en Primera División) decía que aunque no estaba de acuerdo con la opinión de Izco “había que respetarla” (en palabras publicadas en el mismo diario). Igualmente Txusmi Martikorena, delegada del equipo femenino de Osasuna afirmaba, entre manifestaciones contrarias al propio Izco que “como persona podía opinar lo que quisiera”.

Y es que a veces una tiene la impresión de que, cuando se trata de banalizar o frivolizar la labor desempeñada por las mujeres en diferentes áreas (sobre todo si estas tradicionalmente han estado copadas por hombres) la libertad de expresión está por encima de todo, y todos y todas además debemos cerrar filas en su defensa.

Y si ahora que se van a celebrar los Juegos Olímpicos alguien con cargo o referencialidad en el ámbito deportivo dijera que le da risa ver a un chino nadando o que los negros encima de una bici parece que huyen de los maderos. Supongo que si pone delante “es mi opinión” no tendría ninguna trascendencia y la gente lanzaría un largo suspiro “¡Menos mal! es su opinión, qué susto”.

La verdad es que a mí las declaraciones de Izco no me parecen nada respetables, es más, el hecho de que dijera en voz alta lo que mucha otra gente piensa (que esto ya lo he oído) no le hace más valiente (porque no asume ningún riesgo), solo evidencia que el machismo sigue siendo carne de chascarrillo porque no queremos ver las relaciones de poder que lleva implícito. Nada banal ni frívolo. Intolerable.

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