La experiencia y emoción del apoyo al proceso irlandés toman Bruselas

La Comisión Europea ha organizado en Bruselas una conferencia para compartir –y también celebrar– la experiencia del programa PEACE, que ha tenido reflejo también sobre Euskal Herria, dado que el objetivo añadido ha sido sondear si el enfoque de esta ayuda europea puede aplicarse a otros puntos en conflicto. Conceptos como confianza, implicación y trabajo en común han sido destacados en relatos que incluso han arrancado alguna lágrima.

Josu JUARISTI|BRUSELAS|2013/01/31|0 iruzkin
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El comisario Hahn, durante su intervención ante este foro que ha reunido a unos 200 participantes y a tres destacados mandatarios irlandeses del norte y del sur. (EU/Shimera/Etienne ANSOTTE)

El Programa PEACE para los seis condados del norte de Irlanda y los fronterizos del sur se ha abordado en una sesión promovida por la Comisión Europea, en Bruselas. En la mesa, ponentes del máximo nivel acompañando al anfitrión, el comisario europeo de Política Regional, Johannes Hahn: Peter Robinson y Martin McGuinness, números uno y dos del Gobierno norirlandés, y el ministro de la República de Irlanda Brendan Howlin.

Ha sido realmente intensa y trepidante, conducida por la apasionada moderadora Jacki Davis, experta en estas lides. La idea, básicamente, era compartir la experiencia del Programa PEACE, que este año cierra su tercer marco plurianual, y ver cómo está complementando el proceso de paz y ayudando a dos comunidades divididas a trabajar juntas.

Y, como ha apuntado el comisario europeo al inicio mismo de su intervención, la contribución europea al proceso irlandés «debe llevar a preguntarnos hasta dónde esta experiencia puede servir de inspiración para otras comunidades divididas».

Aunque la negociación sobre el próximo marco presupuestario plurianual de la UE está abierta, Johannes Hahn ha anunciado que espera que el PEACE IV –2014-2020– tenga un fondo comunitario de unos 150 millones de euros, más las contribuciones estatales, que suelen rondar la mitad, una cantidad apreciable aunque menor que el PEACE III. Este programa arrancó en 1995 como resultado directo del deseo de la UE de responder positivamente a las nuevas oportunidades para el proceso de paz irlandés que se abrían. Y cuenta, desde el inicio, con el apoyo político y financiero de los gobiernos de Londres y Dublín. Desde entonces, la Unión ha proporcionado ayuda financiera a proyectos concretos orientados a la cohesión social y la reconciliación por un total de 1.300 millones de euros.

No es un trabajo fácil y este programa, al igual que el proceso de paz, ha tenido sus momentos complicados. Pero Hahn ha recordado que la idea es mantener un esfuerzo sostenido, «porque la política regional está ahí para hacer inversiones que marquen una diferencia en la vida de las personas». El objetivo, siempre, es tender puentes, de ahí que el comisario haya felicitdo y agradecido públicamente los esfuerzos de Peter Robinson y Martin McGuinness.

El dirigente de Sinn Féin ha recalcado en su intervención una idea principal: La paz debe tener lugar a todos los niveles de la sociedad. Debe implicar a todos y beneficiar a todos. McGuinness ha puesto sobre la mesa uno de los proyectos con mayor carga simbólica: la transformación de la «infame» Long Kesh en un centro para la paz que, además, dará trabajo a unas 70 personas.

Emotivos testimonios

Pero si algo ha inundado este jueves la sala Galtieri del edificio Charlemagne de la Comisión Europea ha sido un sentimiento: emoción. También esperanza, trabajo y compromiso (irlandés, britanico y europeo), desde luego, pero sobre todo emoción.

La Comisión Europea había invitado a los responsables de tres proyectos que se están desarrollando bajo el paraguas del Programa PEACE, y los tres relatos han provocado más de una lágrima apenas contenida.

Comunidad

Comunidad es la clave de todo esto; el trabajo a pie de calle, desde abajo, desde el ámbito más local. Siempre con una idea y un objetivo global, pero desde las comunidades. Johannes Hahn lo ha formulado así: «La paz nunca habría enraizado sin el trabajo de base de la gente de ambas comunidades».

Silvia, Hand, Victoria, Kathleen, Teya, James, Michael, Ross… los testimonios y reflexiones de todos ellos han conformado una mañana realmente intensa en el Charlemagne. Y una vez con el debate y las intervenciones –desde la mesa y desde el público– lanzados a tumba abierta, la moderadora ha propuesto una pregunta sencilla y fundamental: ¿Cuáles son las claves, los ingredientes básicos, las grandes lecciones que pueden extraerse de estos proyectos y este programa?

«Paciencia y tiempo –ha respondido Ross–, y dedicación». Hand ha añadido uno más: «Confianza, confianza en el proyecto, y capacidad para crear confianza. Y muchísima comunicación, y saber escuchar». La clave «es el coraje», ha concluido Ross retomando la palabra. Teya ha resumido la impresión general recuperando un sentimiento compartido: «Emoción». A veces, ha añadido, «ocurren cosas emocionantes; trata sobre gente que escucha estas historias y dice… ¡uau, gracias!». Silvia ha aportdo dos más: ambición y responsabilidad, y «respeto por el otro, por la cultura del otro». Y una clave más, compartida por todos: es absolutamente necesario adaptar el proyecto a las características particulares de cada comunidad local, compartir narrativas y participación.

Conclusión

Johannes Hahn ha sido también el encargado de cerrar la sesión, y lo ha hecho con indudable acierto, siempre desde la óptica de que la Unión Europea debe ayudar, debe involucrarse, desterrando sin decirlo la anacrónica idea de algunos de que todo esto son, siempre, «asuntos internos de los estados». La conclusión del comisario europeo ha sido que se puede, y la ha remachado con un «Yes, we can… together».

«Obligación moral» de la UE de ayudar a superar conflictos

La sesión celebrada en Bruselas ha mostrado también que Euskal Herria comienza a entrar, poco a poco, en la agenda europea. Hahn ha ofrecido una rueda de prensa al término de la conferencia en la que, a preguntas de los periodistas sobre si la Unión Europea está preparada para contribuir o implicarse de algún modo en el proceso abierto en Euskal Herria, ha afirmado que «es nuestra obligación moral como Comisión Europea promover todo aquello que pueda ayudar a superar conflictos y tensiones dentro de los territorios y los fondos estructurales pueden y deben ser utilizados para cuestiones de reconciliación».

Ha recordado que la política de cohesión europea tiene que ser entendida como cohesión en términos sociales, territoriales y económicos, y ha remachado: «Ha sido posible en el pasado, lo es en el presente y será posible y muy bienvenido en el futuro que una parte significativa del montante disponible pueda ser y sea utilizado, también en el País Vasco, para proyectos y medidas dedicadas a la cohesión social y la reconciliación».

A continuación, Pat Colgan, director de los programas de ayuda especiales de la Unión Europea, que acompañaba al comisario europeo en la rueda de prensa, ha recordado que no pretendían con esto comparar casos que, como el irlandés o el vasco, son diferentes. Un matiz que es norma introducir en estas situaciones.

Siempre a partir de esta obviedad, lo cierto es que Euskal Herria ha sobrevolado en distintas fases la conferencia organizada por la Comisión Europea en Bruselas. Diferentes ponentes han aludido a que, aunque cada situación es diferente, algunos programas, experiencias y metodologías pueden ser «exportadas».

Ha habido, además, dos intervenciones directas en la sala desde Euskal Herria.

Así, Marta Marín, en representación de la oficina del Gobierno de Lakua ante la Unión Europea, ha solicitado «el apoyo y compromiso de las instituciones europeas para avanzar en el proceso de normalización y coexistencia».

Por su parte, Urko Aiartza -senador de Amaiur- ha felicitado en su intervención tanto a los ponentes como a las personas que presentaron ante la sala los proyectos que están desarrollando dentro del Plan PEACE y ha subrayado que «la UE tiene un rol que jugar para apoyar e impulsar este proceso». Ha animado además a la Unión y a todos los agentes europeos a no dejar pasar la oportunidad de liderar estos cambios y de asumir la responsabilidad y abordar, desde abajo, los desafíos abiertos. Desafíos que, tal y como ha recordado Aiartza, siguen siendo enormes: desmilitarización, decomiso, retorno de presos y refugiados, reforma de los sistemas de seguridad... todo ello con vistas al horizonte de alcanzar una paz justa y duradera.