Julen Mendoza
Alcalde de Errenteria

En tiempos en que la sociedad va tantas veces por delante de los políticos, el Ayuntamiento de Errenteria ha tirado del carro en el terreno de la resolución y la reconciliación con una inusitada iniciativa conjunta, Eraikiz.

«Hay que romper el bloqueo y ser valientes, no perdemos nada»
Ramón SOLA|Errenteria|2013/02/10|Iruzkin 1
20130210_mendoza
En este Ayuntamiento tenemos claro que todos tenemos que ir juntos en esta materia; podemos tener mil trifulcas en otros asuntos, pero no en este
Creo que en cierto modo el pueblo se ha relajado. Evidentemente faltan muchos pasos, pero siento que la gente estaba esperando algo así y que se lo hemos dado

Empezando por el principio, ¿cómo se les ocurrió esta iniciativa? Era una idea valiente juntar a todos los grupos, invitar a todas las víctimas...

En realidad hay que mirar toda la trayectoria de este año y medio de legislatura. Desde el inicio teníamos claro que la normalización política debía estar en la primera línea de la agenda, así que desde el principio ha habido innumerables conversaciones, se han generado ambientes, relaciones personales, se ha hablado de todas las cosas... Hemos avanzado ante todo sobre una base: intentar entender por qué el otro piensa como piensa, y buscar un espacio común. En eso estábamos cuando ocurrió una casualidad, y es que allá por setiembre-octubre comenzaron a aparecer películas y alguna obra de teatro que pensamos que podían ser una buena excusa para sentarnos y reflexionar, sin tener que entrar en la materia con un discurso común establecido porque todavía es pronto, aún carecemos de él. Así surgió Eraikiz.

En Errenteria se ha sufrido y aún se sufre mucho. ¿Esto hacía más difícil una iniciativa así, o por el contrario la ha hecho más fácil porque hay más ganas de construir otra realidad?

El elemento fundamental son las personas, es eso lo que lo hace más fácil: tener una actitud proactiva, asumir que en esta sociedad no sobra nadie y que nos tenemos que entender. En el Ayuntamiento hemos llegado a un punto en el que compartimos que en esta materia tenemos que ir todos juntos. Podemos tener mil trifulcas en otros asuntos, pero no en este. Y todos tenemos claro que hay que avanzar sin dejar que nadie lo patrimonialice políticamente. A partir de ahí, es cierto que aquí hay mucho sufrimiento y que entonces resulta muy díficil, porque las emociones son las que son y muchas veces se ponen por encima de la lógica política. Pero diría que también por eso hemos tirado para adelante. Sabemos que no podemos dejar que ocurra lo mismo con nuestros hijos e hijas, nietos y nietas...

Durante el ciclo en sí, ¿ha visto una evolución, un resultado? ¿El pueblo es diferente hoy?

Al principio había miedos, no voy a negarlo, pero se disiparon pronto, en parte también porque aparecieron representantes de los partidos de mayor nivel que el municipal, eso fue importante. La sensación que tengo es que todo el mundo ha salido gusto, que nadie se ha sentido incómodo. Mi preocupación ante el discurso de la primera sesión consistía en no incomodar a nadie: otra cosa era que les gustase más o menos lo que decía, pero no incomodar a nadie, y creo que lo conseguimos. Eso a nivel político.

A nivel social, pienso que es algo inédito ver a víctimas de todos los lados en una misma sala, y que esto hubiera sido impensable hace solo unos meses. Y ha habido mucho respeto. Puedo decir que hemos recibido felicitaciones constantes, de un lado y de otro, y creo que en cierto modo el pueblo ha descansado, se ha relajado. Evidentemente todavía faltan muchos pasos -ahí están los presos, los juicios, las detenciones...-, pero ha mejorado la relación en el sentido de convivencia. Siento que la gente estaba esperando algo así y que se lo hemos dado.

¿Es más fácil una iniciativa así lejos de los aparatos de los partidos y los centros geográficos del poder?

Sí. No hubiese sido posible, las cosas como son, en gran parte porque en esos sitios el foco mediático es muy intenso y todo se mueve en torno a cálculos políticos concretos. Nosotros ni siquiera hicimos un análisis previo de la repercusión mediática que podía tener, en realidad ha sido bastante mayor que la esperada. Pero lo mejor es que esa repercusión ha sido positiva en esos casos, que nadie ha podido hablar mal de este ciclo.

Como alcalde, ¿cuál le gustaría que fuese el siguiente paso?

Es difícil responder. Tendríamos que ser capaces de tener un discurso político común que aún no tenemos. Luego está la cuestión de las fases. En cualquier proceso de resolución de este tipo, primero se da una fase de ausencia de violencia, de desactivación de vulneraciones de derechos humanos, que es la que luego facilita la reconciliación, la normalización... Aquí, de alguna manera hemos simultaneado ambas, pero está claro que hay que proceder a esa desactivación de las vulneraciones. Necesitamos un escenario de otro tipo para seguir avanzando. Hay que hacer una reflexión sobre lo que ha ocurrido en términos de veracidad, sin permitir que nadie niegue cualquier sufrimiento, porque ese cálculo es erróneo, no aporta nada a la sociedad. Como he escuchado a Pierre Hazan, profesor de la Universidad de Ginebra, una cosa son los hechos y otra es el relato: cada uno hará el que crea conveniente, pero hay que poner todos los hechos sobre la mesa. Y hay que tomar medidas para fortalecer y construir esa paz: eliminar la «doctrina Parot», acercar a los presos, excarcelaciones...

Gerry Adams sostiene que en estos procesos la negociación más difícil es la que uno mantiene con su propio entorno. ¿Ha notado algo así? ¿Hay quien no ha entendido esta iniciativa o la ha visto prematura? ¿Qué les responde?

Cada uno lleva encima su sufrimiento, eso afecta a las emociones, y donde están las emociones no está la lógica política. Yo mismo he tenido que hacer ese ejercicio, así que lo entiendo perfectamente y tengo el máximo respeto a esas emociones. Pero ese sufrimiento no puede llevar a un bloqueo que, a su vez, eternice el sufrimiento. A los representantes políticos nos toca aplicar la lógica política, tenemos que poner un cambio, y yo tengo claro cuál es: romper el bloqueo y avanzar. Creo además que hay que ser valientes porque no perdemos nada. Y al mismo tiempo, por supuesto, hacer un trabajo constante con quienes están sufriendo, estar muy al lado suyo, empatizar.

¿Aspira Errenteria a ser un modelo, les han llamado de otras localidades?

No nos han llamado, pero sí percibimos que hay un interés sobre lo que está ocurriendo en este pueblo. No aspiramos a ser un modelo. Lo hemos hecho en Errenteria porque es nuestro pueblo y porque creíamos que aquí había que hacerlo. Pero quizás Eraikiz sí que sirva para que en otras localidades se hagan esa pregunta: «Y aquí, ¿por que no?». Sería muy positivo.

En la primera sesión su discurso tuvo mucha carga personal. A nivel personal también, ¿cuál es su conclusión tras acabar el ciclo, qué le ha sorprendido, qué ha aprendido?

Para el acto inaugural cursamos invitaciones tanto a políticos de diferentes formaciones como a víctimas de un signo y de otros. Entonces me quedó la impresión de que costaba aceptar esa invitación. Pero sobre todo me quedo con la sensación positiva posterior de que hay víctimas como son familiares de presos que se me han acercado para decirme que les ha gustado, que se han sentido cómodas. Eso fue importante porque es evidente que teníamos nuestros miedos de cómo iba a salir aquello, la experiencia de estar todos en una misma sala... Junto a ello, me ha tocado también invitar a víctimas de ETA y hablar por teléfono con algunas de ellas, y ha sido una experiencia interesante. Por un lado, te das cuenta de que no todas piensan lo mismo, de que nos hemos hecho algunos clichés durante mucho tiempo que no son verdad y que el plano personal siempre resulta interesante. Hablo de gente con la que no habías conversado nunca y de la que te separaba un mundo. Además, algunas me han trasladado que las palabras que dije en el acto les han quitado parte de una losa que llevaban encima, que pronuncié palabras que muchos habían querido decir durante mucho tiempo y que no habían dicho.