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Ecuador a las urnas

El fin de semana que viene los ecuatorianos tienen su cita con las urnas. Más allá de la duda sobre si habrá segunda vuelta o no, la reelección de Rafael Correa es más que probable, lo que dará a su Revolución Ciudadana cuatro años más para transformar el país, con el modelo productivo como principal objetivo de cambio.

Beñat Zaldua|Iruñea|2013/02/12
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El presidente, Rafael Correa, durante un miting de la campaña. (Rodrigo BUENDIA/AFP)
Correa se enfrenta al reto de cambiar el modelo productivo de Ecuador, pasando de una economía exportadora de materia prima a una basada en el conocimiento

Ecuador celebra el próximo 17 de febrero la primera vuelta de las elecciones presidenciales, en las que el presidente, Rafael Correa, aspira a la reelección sin necesidad de competir en una segunda vuelta y afianzar así la Revolución Ciudadana con la que llegó al poder en el año 2006. La inmensa mayoría de las encuestas auguran que Correa y su movimiento, Alianza País, no tendrán problemas en ganar las elecciones, para lo que necesitan superar el 40% de los votos y sacar una ventaja de más del 10% al segundo candidato.

En la pugna electoral compiten hasta ocho candidatos, entre los que destacan, por la derecha, el banquero Guillermo Lasso –el único que podría forzar una segunda vuelta poco probable–, el expresidente Lucio Gutierrez y el hombre más rico de Ecuador, Álvaro Noboa. Por la izquierda, además de Correa, destaca Alberto Acosta, que en su día fue uno de los impulsores de la Revolución Ciudadana y muy cercano a Correa, del que comenzó a distanciarse cuando presidía la Asamblea Constituyente (2007). Acosta se presenta en nombre de la Unidad Plurinacional de Izquierdas, en el que confluyen partidos como el índigena Pachakutik y los maoístas del Movimiento Popular Democrático.

Prácticamente ninguna encuesta les da más del 10%. Pese al probable triunfo de Correa, el profesor de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) Franklin Ramírez prefiere ser prudente y centrar el foco en el 30% de indecisos que todavía no han decidido su voto. «En los últimos días de campaña suelen modificarse los patrones de voto, en forma de un trasvase de voto útil», señala Ramírez, que no descarta totalmente la posibilidad de una segunda vuelta. Pese a ello, asegura que «es bastante probable que Correa gane», por lo que, más allá del desarrollo electoral, cabe poner la atención en el día después de las elecciones y en los retos y amenazas que enfrenta un país en pleno proceso de cambio desde hace siete años.

Retos y amenazas

Según analistas como Ramírez o su compañera en la FLACSO Valeria Coronel, los retos principales son dos: el cambio de modelo productivo y el restablecimiento de puentes de comunicación entre todos los sectores favorables al cambio que tienen, como punto de partida común, la Constitución de Montecristi, aprobada por los ecuatorianos en 2008. El diálogo entre estos sectores de la izquierda lleva años prácticamente congelado, lo que, en opinión de Ramírez, supone «un freno a la agenda de cambio general».

Sobre la economía, Coronel recuerda que Ecuador «sigue siendo un país primario exportador» que depende de los ingresos provenientes de materias primas, sobre todo del petróleo. Es decir, pese a que se ha avanzado mucho en la recuperación y redistribución de los ingresos de las materias primas, no se ha cambiado todavía el modelo de fondo. Una tarea para la que Coronel pone especial relevancia en la reforma universitaria ya en marcha, «que apuesta por poner los pilares de una nueva economía del conocimiento».

En cuanto a las amenazas, una de ellas proviene, precisamente, de la falta de diálogo en el seno de la izquierda ecuatoriana, algo que, en palabras de Ramírez, «no paralizará la agenda gubernamental de cambio, pero sí podría ralentizarla». Existe, también, la amenaza de un golpe de Estado o de una regresión en el proceso de cambio, impulsado por las fuerzas conservadoras, como el que retransmitieron el 30 setiembre de 2010 las televisiones de todo el mundo. En este sentido, Coronel advierte que las tensiones con la oligarquía siguen vivas y que «cada una de las medidas que acaben con alguno de los privilegios de la antigua clase dominante supondrá un foco de tensión y amenaza a la Revolución Ciudadana».

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