Aitor Montes Lasarte
Médico de Familia en Aramaio (OSI Alto Deba)

¿Queremos más hospitales?

No es oro todo lo que reluce. Los nuevos hospitales comarcales, deslumbrantes joyas de Osakidetza, han recibido duras críticas por insuficientes. El proyecto del hospital de Gernika, bruñida filigrana, pone en evidencia a los actuales gestores, orfebres de escaso caudal.

Que en Vitoria tenemos buenos tahúres y malas cartas ya lo sabemos antes de empezar la partida, pero también me preocupan otros; queremos más, queremos un hospital dotado de servicios completos y no un ambulatorio más grande, y yo no tengo claro que eso sea lo que necesitamos.

En primer lugar, no está justificado un servicio de urgencias pediátricas en el hospital de Gernika. Actualmente, hay pediatra a diario, de 8h a 17h en Gernika y Bermeo. Fuera de horario, durante años han sido atendidos por médicos familia en los puntos de Atención Continuada (PAC) de Bermeo y Gernika. En caso de emergencia, hay una ambulancia medicalizada en Gernika, y un helicóptero sanitario en Loiu. Es suficiente. En Australia y Nueva Zelanda, dos estados, un continente entero con 4 islas grandes, hay 9 hospitales con urgencias pediátricas. Aquí somos capaces de pedir urgencias pediátricas en el PAC de Durango o en Gernika. Como sigamos así, pronto les ganamos por la mano.

Plantear la necesidad de cirugía mayor programada con ingreso, o quirófano de urgencia en Gernika no tiene sentido. Afortunadamente estos procesos no son frecuentes en la vida, y requieren una infraestructura que difícilmente se puede disponer en cada hospital comarcal. Por otra parte, determinadas operaciones sólo las pueden llevar a cabo equipos altamente especializados y entrenados. Servicios concretos, que sólo pueden ofrecerse en uno o dos hospitales.

Otro aspecto que pasa desapercibido es el de los traslados interhospitalarios. El modelo de hospitales comarcales conlleva que los pacientes con patologías más severas o que requieren una actuación concreta sean derivados a los hospitales de referencia. Un paciente infartado puede ser remitido al hospital de Gernika, pero probablemente haya que trasladarlo después a Galdakao o Cruces. Esto implica un mayor uso de las escasas ambulancias medicalizadas, y la de Gernika puede estar ocupada llevando un paciente de Gernika a Cruces mientras surge una emergencia.

Muchos defendemos una sanidad pública, y supongo que estamos en contra de las privatizaciones. Pero me pregunto si la demanda creciente de servicios sanitarios que vivimos no nos lleva de cabeza a la privatización. Podemos compartimentalizar Osakidetza en pequeñas unidades como las OSIs, con la finalidad de ofrecer una atención integral y continuada centrada en los pacientes crónicos, pero que fácilmente pueden convertirse en unidades independientes centradas en la atención especializada. Es más fácil vender la tarta a trozos, y me pregunto si no metemos el caballo de Troya en casa. Sinceramente, cuidaos de los regalos de los dánaos.

El euskara siempre queda, desgraciadamente, en un segundo lugar. Se piden servicios bilingües sin precisar, por desconocimiento tal vez, en que consiste el bilingüismo en la atención sanitaria. Más de uno se preguntará que tendrá que ver el euskara con el hospital de Gernika. En mi opinión, y aquí sí soy rotundo y tajante, a cualquier nivel, sea de base o institucional, no deberíamos aceptar ningún nuevo proyecto solo en castellano, ninguna reestructuración u organización de servicios, si no se ofrecen en euskara. No debemos defender un nuevo hospital en Urduliz, si no se garantiza una atención bilingüe en ese hospital. Me pregunto si, a cambio de una escuela nueva, con grandes prestaciones, preferiríamos que la enseñanza de nuestros hijos fuera únicamente en castellano. La generación de nuestros padres ya nos dió la respuesta hace décadas, con la creación desde cero de las ikastolas en los barrios y pueblos de Euskal Herria.

Por pedir, se puede pedir la luna. Pero quizá olvidamos que la sanidad es de todos, que exige un esfuerzo colectivo. Que nos encaminamos a una sociedad envejecida, con predominio de las enfermedades crónicas, que requiere una atención adecuada y sostenible, garantizando con criterios de eficiencia los principios fundamentales de una sanidad pública, gratuita, universal y equitativa. Huyendo de demagogias y populismos, hay que ser cautos y precisar con claridad qué queremos, si realmente apostamos por una sanidad compatible con un modelo económico y social de izquierdas y con el proyecto de construcción nacional.

No busco la aceptación social y prefiero ser franco antes que sutil. Confío en que el exponer una duda razonable, quizá una realidad, no genere confrontaciones ni malentendidos sino más bien la oportunidad de reflexionar y debatir para no cometer errores estratégicos, pues no es oro todo lo que reluce.

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